John: uno menos...

"Uno menos marica..." Ese fue el saludo que Tillo me dió, cuando lo llamé para contarle que recién dejábamos a John en el aeropuerto. Todavía tenía el recuerdo de ese sábado, cuando bailábamos todos encima de las sillas de Canalón y todo por un buen motivo: un amigo. Con sus casi dos metros de estatura, él tenía que inclinarse sobre todos nosotros para poder despedirse, mientras las puertas vidriosas de la sala de espera del Jose María, todavía aceptaban a los viajantes solitarios y desprendidos de esta ciudad. No pude evitar observarlo mientras abrazaba a su mamá, una mujer fuerte y con un corazón más grande que ella misma, derrumbándose ante la inminente partida de su hijo. Por un momento tuve que girar la cabeza para recobrar el aire que luego iba a necesitar, cuando el grandulón ese, se volteó, con los ojos más grandes que siempre, rojos en la parte de abajo y con la voz quebradiza; él se inclinó y yo no pude mas que abrazarlo. Me quede sin nada para decir mientras él, dirigiéndose a Chekón y a mí nos dijo: "Suerte par de maricas..."

Es grande la oportunidad que la vida me dió al conocerlo y la imagen de su nobleza y alegría, me harán recordarlo como la gran persona (literalmente hablando) que es. John, le vas a hacer falta a los chekones pero desde ya te estamos esperando!

1 comentarios:

Sebastián Castillo Builes dijo...

Mejor no lo pudo haber dicho ni el putas!!